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Lunes 23/05/2022  

La Pasión no acaba

Cada palo

Cada palo que lanza una persona desde una grada a un terreno de juego sea cual sea el deporte es un fracaso de todos, empezando por la educación del sujeto...

Publicado: 19/01/2022 ·
23:06
· Actualizado: 19/01/2022 · 23:06
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  • El objeto que cayo de la grada sobre Jordán.
Autor

Víctor García-Rayo

El periodista Víctor García-Rayo es el presentador y director del programa La Pasión de 7TV Andalucía

La Pasión no acaba

Dedicado al alma de

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Cada palo que lanza una persona desde una grada a un terreno de juego sea cual sea el deporte es un fracaso de todos, empezando por la educación del sujeto que lo hace, alguien inadaptado, incapaz, inútil.
Cada vez que aprobamos, reímos, compartimos, justificamos o restamos relevancia a un acto vandálico nos convertimos en cómplices de la violencia que es -finalmente- el cáncer que subyace en estos actos.


Cada vez que una persona agredida engrandece, exagera o tergiversa su lesión está faltando a la verdad, contribuyendo al odio y prostituyendo el sagrado ejercicio de respetar lo cierto. Si además un superior es capaz de invitar a éste u ordenar que mienta, se convierte en cómplice de quien lanzó el palo, primero de los maleducados de este serial, primer inadaptado.


Cada vez que alguien bromea, en cualquier escenario o entorno, con el daño físico o anímico de un adversario deportivo se ubica a la misma altura de quien lanzó el palo al terreno de juego, del que hemos dicho que es un maleducado, un inútil. Sea jugador, aficionado, periodista o directivo. Al tiempo, quienes justifican este tipo de acciones amparándolas en el mágico terreno del humor faltan a la verdad más absoluta y contribuyen con más materia orgánica a la ciénaga en la que entre todos han convertido el deporte.


Cada vez que hacemos uso de la mentira vistiéndola de picaresca; cada vez que normalizamos que "algún tonto siempre hay en la grada" y cada vez que no actuamos con total firmeza ante un hecho tan grave como es arrojar objetos a un terreno de juego, contribuimos todos a la salvaje puesta en escena de un deporte que debería lanzar al mundo el mensaje opuesto. Esto es, la nobleza, la educación, el señorío, el respeto al rival, la caballerosidad, la gallardía y el esfuerzo, la clase, el talento y el saber estar.


Cada vez que justificamos -se hace a diario- que este tipo de eventos forman parte de la pasión por un deporte, que entra dentro de la normalidad de un sentimiento, que se explica por las pulsaciones y las ilusiones, que están amparadas por la historia y el legado de la sangre, no solo minimizamos algo tan sublime como el amor verdadero, sino que salpicamos de podredumbre moral algo tan limpio a priori como el deporte.


Todos, absolutamente todos, han hecho un ridículo espantoso y han lanzado al mundo un mensaje cutre que han vivido cientos de miles de niños. Público, jugadores, entrenadores y prensa. Y a nadie le da vergüenza.

¡Dejen en paz al deporte y no lo utilicen para sus más bajos instintos e intereses!


Cada palo...que aguante su vela.

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