Contramano: Percepción de suciedad

Publicado: 07/02/2022
Tenemos, y hasta lo reconocemos, un grave problema de incivismo, que Lipasam ha tratado de corregir con programas de educación ambiental
La decisión del nuevo alcalde de Sevilla, Antonio Muñoz, de crear en su gobierno una Delegación de Limpieza supone un ejercicio de autocrítica a la propia gestión en la materia durante los mandatos de Espadas y asumir las críticas de la oposición, que ha hecho una especie de mantra de la idea de que Sevilla está permanentemente sucia.

Muñoz ha declarado al respecto: “Necesitamos un empuje en una cuestión sensible en el día a día de los ciudadanos. Me comprometo a que los sevillanos notarán un cambio drástico, sin que se desprenda de mis palabras que Lipasam funciona mal, pero hay margen de mejora”.

Drástico, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, significa “riguroso, enérgico, radical, draconiano”, luego el margen de mejora ha de ser muy amplio, y por más que el alcalde no haya querido cuestionar públicamente la labor de la empresa municipal de limpieza, ésta ha quedado señalada, como se ha demostrado con la destitución de su hasta ahora gerente, Virginia Pividal, y su sustitución por un significado hombre del PSOE, Lucrecio Fernández.

Empecemos por la percepción que tienen los sevillanos sobre este asunto, que viene ya de un tiempo atrás. Así, en el Barómetro Socioeconómico de la Fundación Cámara (de Comercio) de Sevilla y el Centro Andaluz de Prospectiva correspondiente a junio de 2018, la (falta de) limpieza es calificada como el principal problema de la ciudad por el 17,7% de los sevillanos, sólo superado por el paro (38,9% de los encuestados).

Un año antes, en junio de 2017, la proporción de quienes pensaban que la (falta de) limpieza era el principal problema era del 16,3%. Por tanto, la percepción había crecido en casi un punto y medio.

Este problema de suciedad era especialmente mencionado por los vecinos de Los Remedios (27,5%), Macarena (25%) y Casco Antiguo (22,5%), y por los de 55 o más años, seguidos de los sevillanos de entre 35 y 54 años.

La limpieza era el tercer asunto con peor valoración de la gestión municipal, con un aprobado raspado (5,02 puntos) y superando sólo a la gestión de los aparcamientos (3,84 puntos) y la mejora de los barrios (4,59 puntos).

Ahora bien, cuando se observa la evolución de las valoraciones de la limpieza a lo largo de 7,5 años (desde diciembre de 2011 a junio de 2018), se aprecia que sólo llega a o supera mínimamente el aprobado en diciembre de 2014 y en junio de 2018, luego podemos hablar de una percepción sostenida en el tiempo de la suciedad como problema de Sevilla.

Estas valoraciones en el Barómetro de la Fundación Cámara contrastan con los Informes de Gestión de la propia Lipasam consultados y referidos a los mandatos de Espadas. A modo de inciso hay que destacar que al inicio de 2022 todavía no se ha publicado el Informe correspondiente a 2020 y cómo se han ido ocultando datos significativos, cuales son el grado de absentismo en Lipasam, que ya no aparecen de los documentos tras alcanzarse un alarmante 8,56% en 2018, con lo que no se le puede seguir la pista a partir de entonces.

Asimismo, desaparece a partir de 2017 el dato de los kilómetros de vía pública repasados mediante limpieza motorizada (vehículos) y no manual, que había descendido en un 5% en números redondos en el segundo año del primer mandato de Espadas como alcalde.

Lipasam ha destinado más de 31 millones de euros a la mejora de las prestaciones e incorporación de más de 200 nuevos vehículos (amén de más de 9.500 contenedores; 5.000 cubos de uso industrial y 14.000 papeleras) en los últimos seis años, pero si baja la cifra de limpieza motorizada, ¿qué rentabilidad ha tenido esa inversión en más de 200 nuevos vehículos?

El Consejo Económico y Social de Sevilla (CESS), con la ayuda del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA), debería tomar cartas en el asunto de los Informes de Gestión y/o Memorias de las empresas municipales, para que no se oculte ningún dato significativo ni se varíe de criterio con los años para que no se pueda medir en el tiempo la evolución de parámetros fundamentales, caso del absentismo laboral.

Un notable

Decía que la percepción ciudadana expresada a través del Barómetro de la Fundación Cámara contrasta con la evaluación que de su propia labor hace Lipasam mediante el concurso de una empresa externa no identificada desde el año 2014 y que como nota  supera el 7 en los Informes de Gestión desde 2017 a 2019. El aspecto más negativo que Lipasam reconoce en este último año tras una encuesta a 2.303 ciudadanos es las quejas por la frecuencia de la limpieza.

Si la evaluación interna va evolucionando hacia un 8 de nota a medida que van pasando los años, hay que preguntarse entonces cómo la compañía municipal tuvo que activar en 2018 un Plan Extraordinario de refuerzo de limpieza en todos los barrios de la ciudad, señal de que no estarían tan limpios. El Plan se desarrolló durante un mes y medio y hubo que contratar a 175 trabajadores. Se utilizaron 87 vehículos y se retiraron 756.280 kilos de residuos que, obviamente, estaban ahí y no se habían recogido de forma ordinaria.

Causas y efectos

Llegados a este punto hay que distinguir entre las causas y los efectos. ¿Quién es el causante de la suciedad de Sevilla? Es obvio que nosotros mismos, quienes habitamos la ciudad, somos los generadores habituales de los residuos que se acumulan en sus calles y los responsables de las pintadas, de los destrozos en papeleras, contenedores, mobiliario urbano y  parques como el del Guadaíra en el derbi copero Betis-Sevilla, y un largo etcétera.

Lipasam es la empresa de la que, a través del Ayuntamiento, nos hemos dotado los vecinos de Sevilla para limpiar la porquería que generamos, pero es más cómodo tratar de derivarle nuestra propia responsabilidad a la compañía que mantenemos con nuestros impuestos, como si Lipasam fuera la culpable de la mugre que percibimos en la ciudad.

Aquí hay que remitirse a ese aforismo jurídico según el cual el causante de la causa (la basura, los residuos) es el causante del mal causado (la suciedad).

Lo más significativo es que en la encuesta realizada de forma presencial en en el año 2019 los propios sevillanos se daban a sí mismos un suspenso (4,76 puntos, que fueron 4,65 en 2018) a su actuación respecto de la limpieza en la vía pública. Los comportamientos incívicos que percibían como más frecuentes eran no recoger los excrementos caninos (58,2%), tirar residuos al suelo y no usar las papeleras (51,5%).

Tenemos, y hasta lo reconocemos, un grave problema de incivismo, que Lipasam ha tratado de corregir con diversos programas de educación ambiental en los últimos años y con un coste económico que acabamos pagando de nuestros propios bolsillos.

En estos programas han participado en total 315.000 personas. La cifra es impresionante porque supone casi la mitad de la población (el 46%), pero si la percepción general sigue siendo de falta de limpieza, algo falla o habría que replantear el contenido de estos programas para que fueran más eficaces, aunque en la estadística aparece un dato esperanzador: por primera vez desde el año 2017, en 2020 bajó el número de toneladas de residuos recogidas. ¿O es que el problema radica además en que no se recogen realmente todos los que se generan y con la frecuencia deseable?



Magnitudes

Esto nos lleva a revisar algunas magnitudes representativas de Lipasam durante los mandatos de Espadas. Ya hemos visto cómo a partir de 2015 el absentismo en la empresa municipal fue creciendo del orden de entre 2 a 3,5 puntos (según el dato que se tome como referencia) y que luego desaparece este indicador, así como el del nivel de repasos motorizados.

A falta de más datos de 2020, en que ha caído en 23.000 toneladas (-6,77%) la recogida de residuos, para obtener una visión más acorde a la realidad he hecho una media del periodo 2015-2019 para compararla con la cifra del inicio del primer mandato de Espadas (año 2015).

La conclusión es que, respecto de 2105, la media de las toneladas de residuos recogidos en el quinquenio ha crecido en un 1,5%, y la de componentes de la plantilla en un 1,08% (prácticamente en la misma proporción), pero los gastos de personal lo han hecho en casi cinco veces más: un 4,91%.

Y si en 2020 se han generado o recogido casi un 7% menos de residuos, ello da todavía más pie al nuevo alcalde, Antonio Muñoz, a exigir mayor productividad a Lipasam para reducir el grado de percepción de la suciedad en la vía pública, al tiempo que a tratar de incrementar la educación cívica de los sevillanos.

Estos viven en la creencia de que las calles, plazas y parques de Sevilla no son suyos, sino del Ayuntamiento, y que por lo tanto tienen patente de corso para generar la suciedad de la que luego se quejan, como si fuera cosa de terceros ajenos a la ciudad o un problema exclusivo del alcalde.

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