Tranquilos que no pasa nada

Publicado: 31/03/2024
Autor

Francisco Fernández Frías

Miembro fundador de la AA.CC. Componente de la Tertulia Cultural La clave. Autor del libro La primavera ansiada y de numerosos relatos y artículos difundidos en distintos medios

Desde el campanario

Artículos de opinión con intención de no molestar. Perdón si no lo consigo

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¡Te estoy hablando de un desastre mundial en gestación de alto riesgo y a ti solo se te ocurre rascarte la cara!
Asombrosa facilidad la que tenemos los humanos para abstraernos de los peligros que nos acechan. Solo ocasionalmente en conversaciones coloquiales -y no siempre-, tomamos conciencia de las amenazas a las que estamos expuestos personas y planeta en los días que vivimos.

Conversas con cualquiera. Le hablas de la corrupción política, de la vergüenza de insultos entre PP y PSOE y de los peligros que entraña esa conducta barriobajera para la paz social. Le refieres la guerra de Ucrania, la invasión de Gaza, el incremento armamentístico, las masacres terroristas, el antagonismo ruso-norteamericano en Oriente Próximo. El deshielo,el calentamiento global, los incendios forestales, el crimen creciente, las mafias, las drogas, el tráfico ilegal de órganos, el alcoholismo, la violencia de género, la aparición de nuevos virus … Le trasmites al tertuliano de turno la preocupación por el futuro de tus hijos, de tus nietos y de la Tierra, y como el que no quiere la cosa, él va, cierra los ojos, descansa el codo derecho sobre la mano izquierda, se rasca el mentón y, sentando cátedra te larga un categórico,¡no pasa nada hombre, el mundo siempre ha sido así! Ante la indolencia percibida solo te queda increparlo ¡Te estoy hablando de un desastre mundial en gestación de alto riesgo y a ti solo se te ocurre rascarte la cara! ¿Pero no te das cuenta que ya sea leyendo la prensa, escuchando la radio, viendo la tele o bicheando en las redes solo se contemplan desastres, destrucción,catástrofes y muerte por todas partes? Echa un vistazo a tu alrededor, prenda. Verás que cuanto menos, estás condenado a acojonarte porque la verdad no se puede retorcer.

Añado al catálogo de calamidades en atisbo, el rechazo general a la inmigración, la inflación que padecemos, la pobreza que contemplamos, las guerras en Siria y Yemen y las africanas de Burkina Faso, Somalia, Sudán, Nigeria y Etiopiade las que apenas nos cuentan nada. Le recuerdo lo de las ojivas exterminadoras, los botones rojos, lo del odio que se tienen los que coleccionan triquitraque nuclear. Le advierto de que no quedará nadie a quien enterrar en un mundo sepultado. De que solo se escaparan los cuatro acomodados que puedan viajar al espacio, aunque cuando regresen se encontraran la tierra como un chicharrón y el mar a 500 grados de temperatura. Pues nada. El papa frita que me escucha cierra los ojos de nuevo, descansa el codo derecho sobre la mano izquierda, se rasca el mentón y otra vez me larga lo del, ¡no pasa nada hombre, el mundo siempre ha sido así! La muletilla de marras ya empieza a jeringarme y antes de crisparme a fondo le repito de nuevo ¡Te estoy hablando de una catástrofe mundial y a ti solo se te ocurre rascarte la cara! ¿Qué te pasa? ¿Tienes que ver una seta atómica derribando la puerta de tu casa? ¿O tal vez estás esperando a que un iceberg inunde tu cuarto de baño?

Tiro de disco duro con supremo ahínco y aparece otra ristra de calamidades que nos azotan. A ver lumbrera, le recalco subiendo el tono de voz tres octavas y media por encima del registro gutural común. La crisis del ladrillo ofertando alojamiento a la intemperie en primera línea de acera, los euros de la hucha no dan para la compra, la proliferación de enfermedades raras y la multiplicación de erupciones volcánicas desbocándose. La polución atmosférica, la crecida oceánica, el paulatino aumento de las temperaturas, la inteligencia artificial iniciando su siniestro camino hacia el expolio final de la hegemonía humana, la tercera guerra mundial en capilla y el vecindario fabricando velas que encender al Nazareno.Sobrevuelan nuestras cabezas, miles de satélites cargados de lluvia química para cuando un montón de congresistas tocapelotas digan hasta aquí hemos llegado y nos den una buena friega con gas Sarin o Zyklon B sin previo aviso. Los bosques serán un recuerdo. Aunque no hará falta madera para ataúdes porque se originará una distopía de tal dimensión, que no quedará en pie ni un paisano a tiempo de dejar evidencia fehaciente de que aquí hubo un tiempo donde llegamos a juntarnos casi ocho mil millones de tertulianos descansando el codo derecho sobre la mano izquierda, que lo único que legamos al futuro post apocalítico fue el eco propagado por todo el perímetro terrícola, de ese irreflexivo aforismo que extinguió a la humanidad.¡No pasa nada hombre, el mundo siempre ha sido así!

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