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San Jacinto solicita talar su ficus por “seguridad”

Publicado: 26/04/2018
La parroquia trianera trasladó la petición por escrito el 14 de julio de 2017 por el peligro que provoca el desprendimiento de las frondosas ramas
47 días lleva esperando el párroco de San Jacinto la llegada de un inspector del Servicio de Parques y Jardines para analizar el famoso ficus ubicado en el patio exterior de la parroquia trianera, así como para formular un informe de autoprotección, con detalladas medidas de seguridad. Pero por el momento, ni se ha realizado dicha inspección, ni la Parroquia ha recibido el permiso pertinente para eliminar de este lugar las ramas caídas el pasado 12 de abril, cuando la ciudad y muy especialmente Triana sufrió un tornado que provocó multitud de incidencias. 

Aún permanecen las ramas tronchadas sobre el alcorque del ficus, “a la espera de que el Cecop nos posibilite cortar el tráfico de esta zona para que con una grúa pluma podamos retirar todas estas ramas”, comenta a Viva Sevilla el párroco de San Jacinto, fray José Rafael Reyes. 

Las dimensiones de los tallos desprendidos hacen pensar que “son un verdadero peligro para la ciudadanía”, y más teniendo en cuenta la ubicación del templo parroquial, propiedad de la Orden de los Dominicos, “en uno de los cruces más transitados del barrio, tanto por peatones como por vehículos, y justo al lado de un colegio de educación infantil y de primaria”, apunta el fraile, priorizando “la seguridad de los ciudadanos por encima de los intereses políticos”. 

El pasado 14 de julio de 2017 el párroco emite un escrito solicitando al Ayuntamiento “talar el ficus por motivos de seguridad”. Cabe destacar que cada año se cotejan al menos la caída de tres ramas muertas de tal tamaño que en el caso de desprenderse sobre algún peatón “podría poner en peligro incluso su vida”. 

El contacto por parte de la orden dominica ha sido permanente con las dos áreas municipales, “pero seguimos sin respuestas”. Fray José Rafael Reyes entiende que es más importante la seguridad de las personas que mantener en esta ubicación un ficus casi centenario –cumplirá cien años en 2029-. Pero ni los escritos emitidos, con carácter semanal, ni las llamadas, ni las reuniones in situ, por ahora han proliferado a favor de los requerimientos del templo trianero. Paralelamente, tras los impetuosos temporales sufridos durante la primavera, la congregación también ha solicitado, al menos, efectuar una poda que mejore las condiciones de seguridad del árbol. Tampoco han recibido respuestas favorables ante sus “numerosas solicitudes registradas y selladas”. 

Al tratarse de una propiedad privada, el mantenimiento del árbol recae sobre el propietario, “pero nosotros lo que queremos es que nos den el permiso necesario para que podamos actuar desde la parroquia, antes de que vuelvan a sucederse hechos como los sufridos hace dos semanas. Sé que el árbol nos pertenece al encontrarse en nuestra propiedad, por eso mismo queremos actuar con responsabilidad, antes de que tengamos que lamentarnos. Estamos poniendo toda la carne en el asador”. 

 

El “no” del Ayuntamiento 

La intención desde el Consistorio, conocedor del requerimiento de talado tal y como ha podido conocer este periódico, es la de inspeccionar y establecer unas medidas de prevención para la protección del ficus, tal y como informaron a través de un comunicado a inicios del pasado mes de marzo. Pero el tiempo corre y las frondosas ramas no dejan de caer al suelo, “sin que ningún inspector haya aparecido por aquí”. Mientras, la preocupación del párroco, máximo responsable de la propiedad, sigue en aumento. “Desde octubre de 2016 estamos así. Aquella vez cayó una gran rama que incluso provocó que no pudiéramos abrir el templo al caer en el centro del patio. Podría haber matado a alguien”, añade fray José Rafael.  

Han transcurrido más de nueve meses desde que saltara la voz de alerta desde la Parroquia de San Jacinto, incluso con el conocimiento pormenorizado desde las instancias del Arzobispado. Pero por el templo de San Jacinto aún siguen sin respuestas y sin opciones de eliminar las numerosas ramas desprendidas hace ahora quince días. “No es ir contra los ecologistas, sino una cuestión de seguridad”, finaliza un preocupado párroco.

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