Los archivos secretos del franquismo

Publicado: 16/12/2020
Autor

Rosa G. Perea

Rosa G. Perea es escritora. Es cofundadora del Club de Lectura del Ateneo de Sevilla y editora en Almuzara

La Gatera

Como escritora, editora y colaboradora en medios de comunicación, Rosa G. Perea habla de todo, predominando la cultura

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La Brigada de Investigación Social, conocida por la oposición antifranquista como “La Social” o “La Secreta”, dependía de la Dirección General de Seguridad...
La Brigada de Investigación Social, conocida por la oposición antifranquista como “La Social” o “La Secreta”, dependía de la Dirección General de Seguridad. Durante el régimen, una obsesión de la DGS fue el control de la subversión. Para ello crearon un servicio de seguimiento de “activistas” y “desafectos”, tanto en España como en el exterior, y establecieron relaciones con centrales de inteligencia de otros países. Pero el mayor logro fue el de generar en la opinión pública la convicción de que la seguridad de todos dependía de los ciudadanos y de cómo actuasen, favoreciendo así la relación de porteros, vecinos y miembros de organizaciones aspirantes a congratularse con el régimen, que se convirtieron en un ejército de delatores y confidentes, y acrecentando el conocimiento que “la Social” tenía sobre la vida cotidiana de los españoles y su afinidad política o religiosa.


Se creó entonces la División de Investigación Social, al más puro estilo nazi, y la Secretaría Técnica, cuya labor consistía en crear boletines de uso interno que contenían fechas, nombres y fichas policiales de cuantos eran considerados un peligro para el régimen. En dichos boletines se detallaban los seguimientos y se incluía información relevante. Reuniones confidenciales, congresos, conferencias y un largo etc., eran de conocimiento de “La Social”, cuyos miembros estaban informados de cuanto acontecía. Quien entraba a formar parte del archivo de la Secretaría General era carne de cañón. Podía ser detenido en cualquier momento, nunca se borraban sus antecedentes, hiciera lo que hiciese, y no tenía acceso a puestos dentro de la administración a menos que claudicara de sus ideales y dejara constancia de su arrepentimiento.


Esa información se destruyó en gran parte, pero el periodista Gabriel Carrión lleva muchos años adentrándose en el oscuro mundo de “La Brigada”, descubriendo nombres, papeles e historias. Muchas notas, documentos y horas sentado frente a hombres curtidos en la lucha callejera. Algunos con la pistola todavía en un cajón de la mesita de noche, otros compartiendo anécdotas y sufriendo en silencio el escarnio de haber pertenecido a aquella policía. Y acaba de recoger toda esa información en un fascinante libro llamado “Fichados. Los archivos secretos del franquismo” en el que usted puede adentrarse en las fichas policiales más secretas del régimen. Notas y documentos que no deberían existir, pero que después de más de veinticinco años de investigación verán la luz.

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