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Martes 20/04/2021

La Pasión no acaba

Es una oración la madrugada

Tienen incrustada en el timbre de voz la brisa marinera que dejó una capa de salitre en el tono sostenido de la madrugada. Llevan en el pecho la medalla...

Publicado: 07/04/2021 ·
23:20
· Actualizado: 07/04/2021 · 23:21
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  • Julio Pardo en la Peña Trianera.
Autor

Víctor García-Rayo

El periodista Víctor García-Rayo es el presentador y director del programa La Pasión de 7TV Andalucía

La Pasión no acaba

Dedicado al alma de "la ciudad más hermosa del mundo" y su universo cofrade. Pasan siglos, personas, pero la pasión no acaba

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Tienen incrustada en el timbre de voz la brisa marinera que dejó una capa de salitre en el tono sostenido de la madrugada. Llevan en el pecho la medalla, el ancla, el santo y la seña. Son sevillanos de Cádiz y gaditanos de Triana, soñadores, artistas, valientes marineros de la travesía de un don que Dios quiso posar en sus gargantas. Portan en el corazón la emoción y llevan en sus ojos el talento. Son y lo parecen, están y lo merecen. Y ellos, con el repeluco temblando en las cuencas de sus faros de luz y el orgullo andaluz de la fe de sus mayores en la pureza de María,  protagonizaron un momento inolvidable de mi Semana Santa, uno de esos instantes de marco y clavo en la pared, para siempre. Ya está, aquel ratito, hormigonado en mi recuerdo.


Los amigos de la Peña Trianera nos habían abierto las puertas de par en par para que la noche del Jueves Santo se hiciera -otra vez- dueña de todos los sueños que se velaban en esta orilla mágica del rio ancho. Cuando llegaron los miembros del coro de Julio Pardo, un puñado de cofrades con la sonrisa de Cai impresa en la cara limpia de las buenas personas, no dejaron ni un instante de subrayar su amor a Sevilla, a su Semana Santa, a las tradiciones de una tierra que sienten en cada nota.


Después de la Salve, los hijos de la estrella de los mares, arrancaron los primeros compases de un improvisado regalo con ese "salve Reina y Madre marinera, la que llena todo de Esperanza... A Julio Pardo, hijo, se le iluminaba el rosto con un caudal de ilusiones íntimas, de flores del palio de su "Morena" echando pétalos a izquierda y a derecha conforme Ella atravesaba la calle Pureza en un milagro imposible en ese momento. Cada uno de ellos se llevaba a su tono las frases de aquella oración mientras Julio Pardo, el padre, estaba presente sin estarlo.


Pasó la noche y se secaron las lágrimas. Quedó aquel instante en la pared y en el aire, en la noche y en el alma. Julio, Carlos, José Mari, Jesús y Juan nos habían regalado un trozo de la tarta de su talento, un pedazo de su devoción, un pequeño tesoro.


Al día siguiente, Julio me dejó en un mensaje de voz -cómo no- una frase que jamás olvidaré: “Víctor, no sólo somos hermanos de la Esperanza, sino que también salimos juntos de nazarenos con nuestro Cristo de la Corona”.  Mi hermano Julio no lo sabe aún, pero no pude evitar que se me escaoara alguna lágrima. Mi Cristo de la Corona, otra vez. Cómo puede ser tan grande siendo tan pequeñito.


Hoy he vuelto a darle las gracias a Dios. Porque otra vez me pone por delante a personas de corazón noble y extensa fe. Porque es verdad que se puede rezar cantando y porque, de verdad, es una oración la madrugada. 


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