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Miércoles 29/06/2022  

Trópico de letras

La pereza, la pobreza, el trabajo

En los países desarrollados la renta del trabajo tiene cada vez menos peso en la riqueza nacional lo que va incrementando el número de "consumidores defectuosos

Publicado: 09/05/2022 ·
08:53
· Actualizado: 09/05/2022 · 08:53
  • Pobreza.
Autor

Mari Loli Romero López

Maestra y escritora. Colaboradora en revistas internacionales. Dos libros publicados y cinco pendientes de publicación

Trópico de letras

Este blog trata de opiniones diversas sobre un mundo diverso

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Según la iglesia católica, la pereza es uno de los siete pecados capitales y clasificada también como un vicio capital porque genera otros pecados; dicen que es la madre de todos los vicios.

Hoy domingo, 1 de mayo, cuando escribo este artículo, se está celebrando el Día del Trabajo, como se le conoce en la actualidad, pero que en realidad es el Día Internacional del Trabajador, conmemoración del movimiento obrero mundial, que tiene su origen en el año 1886, cuando los trabajadores hacían jornadas de 12 a 18 horas en industrias y grandes fábricas. El movimiento obrero que se estaba desarrollando en Estados Unidos demandaba el derecho de obtener una reducción horaria en el trabajo, pidiendo 8 horas para el mismo, 8 horas de descanso y 8 horas para el ocio. Ya existía una ley (Ley Ingersoll, firmada por el presidente Johnson en 1868) que recogía que la jornada laboral fuese de 8 horas diarias, pero solo para los trabajadores de obras públicas o para los de oficina laborales, pero no para los de las fábricas. Los patrones rechazaron esta ley, e incluso en algunos estados dicha ley contaba con ciertas cláusulas que permitían aumentar la jornada laboral. De ahí el aumento significativo del movimiento obrero que tomó cuerpo el 1 de mayo, convocándose más de 300 manifestaciones con cerca de diez mil trabajadores en Chicago, con sus trifulcas, refriegas y violencia consiguientes. Un explosivo acabó con la vida de siete miembros de la policía y ocho manifestantes fueron asesinados a manos de las fuerzas de seguridad después, ocho personas fueron detenidas como responsables del hecho, cinco de las cuales fueron condenadas a muerte (los conocidos mártires de Chicago). No fue hasta tres años más tarde, cuando la Internacional Socialista implantó el 1 de mayo como el día que se rememoraba la jornada de ocho horas y las demandas del movimiento obrero. En España se estableció como festivo en el año 1931, durante la II República, pero el gobierno franquista lo abolió después del golpe de estado y no fue hasta el año 1955, cuando la iglesia católica decidió conmemorar este día dedicándolo a S. José Obrero.

En los años 90 se empezó a hablar del reparto del trabajo y de la civilización del ocio. Sin embargo, hoy en día ya no se habla de ello, sino de la cultura del esfuerzo. Se nos pide que trabajemos más horas por menos dinero, que nos jubilemos más tarde, que no nos enfermemos si queremos cobrar el sueldo íntegro...

En los países desarrollados, la renta del trabajo tiene cada vez menos peso en la riqueza nacional, lo que va incrementando el número de lo que se llama “consumidores defectuosos”, es decir, personas que no tienen para gastar y que no contribuyen al funcionamiento de la economía (según Zygmunt Bauman, sociólogo). Este sociólogo opina que los beneficios del capital son más grandes, pero como no se destinan a inversiones productivas, se aplican en aumentar las bolsas especulativas.

La respuesta a este horizonte desalentador es la pereza, la exaltación social de la ociosidad y la holgazanería. ¿Es cierto que el trabajo dignifica? ¿No deberíamos luchar contra el esclavismo laboral, detener la economía especulativa y motivar la distribución racional del trabajo? ¿No hay dinero para pagar el bienestar o es que la riqueza está mal repartida? ¿Cómo es posible que el director ejecutivo de grandes empresas gane novecientas veces más que un trabajador medio? Los grandes bancos y sus beneficios financieros desarrollan crisis convulsivas que los hacen cada vez más ricos, mientras que los pobres son cada vez más pobres. De esta forma, nunca saldremos de la crisis, pero así es el capitalismo.

La facultad para gozar del ocio improductivo, ejemplo de consagración a una pereza incondicional, se ha promulgado como prebenda de los ricos que contratan a los que deben dedicar su vida al trabajo.

¿Es el pobre el culpable de su pobreza? Nos han convencido con: “Esto es lo que hay y es lo que hay que tragar”.

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