Precio de la polarización

Publicado: 09/01/2021
Autor

Pedro García Vázquez

Pedro García es periodista. Director de Informativos de 7 Televisión y Publicaciones del Sur

Absit Invidia

Con la esperanza de ser entendido por lo que pone, y por lo que no. Eso sí, sin ánimo de ofender ni en castellano, ni en latín

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El año que acaba de arrancar confirma el dicho de que todo lo que va mal es susceptible de empeorar
Cuando Fernando Pérez Monguió planteó que las jornadas nacionales sobre Periodismo del grupo Publicaciones del Sur, celebradas en San Fernando el pasado 13 de noviembre, versaran sobre los peligros de la polarización, no podía estar más acertado. Pensé eso entonces y lo pienso ahora, que diría Vito Corleone en su reunión con los jefes de las familias mafiosas en El Padrino. Esta referencia cinematográfica viene al caso para hablar del protagonista del último, inquietante y disparatado ejemplo que demuestra el precio de la polarización. Hablo, por supuesto, de Donald Trump, y su ejercicio de infinita locura que le llevó a jalear a la turba ante el Capitolio.

Todos a la Cárcel, del genio Berlanga, o Alguien voló sobre el nido del Cuco, de Milos Forman, son otros títulos del Séptimo Arte que a uno se le vienen a la cabeza cuando repasa las imágenes de la locura en Washington, hechos que contaron con la evidente complicidad o ineficacia de las Fuerzas de Seguridad que custodiaban el emblemático edificio.



Poco ha pasado en la comunidad internacional con un personaje como Trump en la Casa Blanca, pero su huella de división y odio permanecerá en suelo norteamericano tanto tiempo como presencia pública tenga el estrambótico y alienado líder republicano. Lo ocurrido es el resultado de la polarización fomentada a través de redes sociales y medios de comunicación durante los últimos cuatro años. Esto no es un fenómeno exclusivo del American First, está tan globalizado como la pandemia. El disparate no conoce fronteras.

Las comparaciones son odiosas y algunas merecen repasar el Código Penal. Comparar protestas en España ante sedes legislativas con lo ocurrido en el Capitolio hace escasos días es un síntoma del todovale que se ha instalado en la política española, afortunadamente no tanto en la andaluza. Vamos a ir mirando la viga en nuestro ojo, y dejemos de convertir en arma arrojadiza cualquier acontecimiento por deleznable que éste sea allende de nuestras fronteras. Es un buen propósito para el año que acaba de arrancar, y que confirma el dicho de que todo lo que va mal es susceptible de empeorar.

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